Las coordenadas del equilibrio cambian seguido y a toda velocidad.

¡Descubrí cómo tener una mente sana gracias al journaling! Literalmente, este título no significa nada, pero si quisiéramos darle un sentido simbólico, podría significarlo todo. En este artículo te quiero hablar de una de las cosas más difíciles de adquirir a lo largo del tiempo: el equilibrio.
La palabra misma nos hace reflexionar y no te permite mantener un pensamiento fijo, justamente porque cuando pensamos en ella se nos vienen muchas cosas a la cabeza. Capaz estás imaginando situaciones en las que necesitamos equilibrio, o momentos en los que por juego, de chicos, probamos mantener el equilibrio sobre un murete o una cuerda tensada entre dos árboles.
Cada vez que pienso en esta palabra, se me viene a la mente la oscilación. Y es que la realidad es que el equilibrio solo se mantiene cuando hay muchas oscilaciones. Me hace pensar en el continuo esfuerzo de permanecer concentrado para alcanzar un destino o un objetivo. Los continuos movimientos, las constantes interferencias y los obstáculos nos llevan a intentar mantenernos en eje.
Hoy te quiero contar mi pensamiento respecto a este concepto tan interesante, sumando lo que yo llamo: las coordenadas para tener una mente equilibrada. Voy a responder a algunas preguntas que anoté en mi cuaderno en estos días:
- ¿Qué es el equilibrio?
- ¿Por qué perdemos el equilibrio?
- ¿Cómo alcanzar un sano equilibrio?
- ¿Por qué es tan malditamente difícil?
Qué es el equilibrio según el diccionario y según yo
- En física significa: estado de quietud de un cuerpo.
- En psicología: condición de balance y de armonía de las distintas condiciones de la personalidad.
Estas dos definiciones le dan un gran significado a la palabra y, si lo pensás bien, vas a notar enseguida que estamos muy lejos de esa definición en la mayoría de los casos de nuestra vida. Tener equilibrio significa, literalmente, poseer una cualidad interior que nos permite resistir a las oscilaciones de la vida.
Cuando pensamos en nosotros mismos de forma honesta y sincera, nos damos cuenta enseguida de si somos personas equilibradas o no. El hecho mismo de intentar entenderlo nos convierte en personas con necesidad de equilibrio emocional. Ser equilibrados implica mucho más de lo que pensamos, porque significa usar muchos de nuestros recursos emocionales y físicos.
¿Por qué perdemos el equilibrio?
Todos nos caemos desde que somos chicos. ¿Acaso te olvidaste de tus primeras caídas con la bicicleta sin las rueditas de apoyo? ¡Yo no! Recuerdo que, cuando era chico, quería a toda costa empezar a andar en bici sin rueditas porque las veía como un obstáculo para mi libertad. El raspón en la rodilla y la mejilla arañada me volvieron más humilde. ¡Le volví a poner las rueditas!
But if we think about it, we keep them on for just a few weeks or even a few days before hitting the road on two wheels. After a few months, you’re cruising on two wheels like you’ve done it your whole life. We’re happy, we go fast, we let go of one hand, then both… until we’re no longer afraid of crashing. And that’s exactly when an overabundance of self-confidence creeps in and suddenly knocks us flat on our backs again.
Por eso perdemos el equilibrio. Uno de los factores que nos lleva a perderlo es el exceso de confianza o, al contrario, la falta total de ella. Si te fijás bien, el equilibrio está justo ahí, en el medio.
Vivimos en un sistema social donde las oscilaciones están a la orden del día: ráfagas de notificaciones de todo tipo de dispositivos, problemas que gestionar de inmediato o a largo plazo y muchísimos imprevistos diarios. La falta de equilibrio de los demás nos lleva a perder nuestro propio ritmo y nuestra concentración. Esto nos recuerda que no podemos manejar todo de la manera en que lo habíamos planeado a la mañana apenas nos despertamos.
Otra cosa que nos lleva a perder el equilibrio son las distracciones. Un equilibrista concentrado en caminar sobre la cuerda floja no se puede permitir ninguna distracción. Su mirada está puesta en la meta, no en sus pies. Hoy en día, inevitablemente, empezamos a caminar sobre esa cuerda millones de veces durante la misma jornada y, a pesar de los esfuerzos, no somos constantes.
¿Cómo se puede alcanzar un sano equilibrio?
La respuesta más directa que te puedo dar es esta: el alcance del equilibrio (como un estado fijo) no existe. Lo que realmente podemos alcanzar es la capacidad de mantenernos en equilibrio en medio de los problemas de la vida. Ese momento en el que te das cuenta de que lográs gestionar un problema de forma lúdica y serena, independientemente de cómo y de si lo vas a resolver.
El equilibrio necesita de ciertos requisitos para encontrar un espacio dentro de nosotros, y algunos de ellos son verdaderas «ediciones especiales». En el sentido de que no son tan fáciles de encontrar. Te menciono algunos:
Uno de los secretos para alcanzar el equilibrio es dejar que el tiempo y los pequeños cambios hagan su curso. Cambiar la propia vida y poner orden es un proceso que requiere mucho tiempo, justamente por el hecho de que a nuestro alrededor las cosas no siempre van como quisiéramos. Lo importante es lograr activar pequeños ajustes para determinar qué te vuelve más o menos equilibrado/a. De esta manera, habrás insertado en tu vida una serie de pequeños hábitos que te llevarán a un sano equilibrio emocional.
1. Pasá tiempo con vos mismo/a
Todos los grandes cambios de nuestra vida parten de nosotros mismos. Por eso, seguido, para reencontrar la serenidad hay que pasar tiempo a solas con nosotros. Me doy cuenta de que es extremadamente difícil con todos los compromisos que tenemos, pero si queremos reencontrarnos, tenemos que hacerlo.
Cosas como la escritura, la naturaleza, una caminata, dibujar o pintar sobre un lienzo, cuidar una huerta y tantas otras actividades simples que el apuro de esta sociedad ahogó un poco (bastante). Muchas de estas cosas solo las podemos hacer reservando un tiempo exclusivo para nosotros.
2. Eliminá las cosas inútiles y superfluas
La vida está llena de obligaciones que, quieras o no, son obligatorias: el trabajo, el estudio, la casa, etcétera… Pero probá eliminar todo lo que no sea esencial. Saca todo lo que no sume nada bueno a tu día. Estoy seguro de que hay compromisos con los demás o con vos mismo/a que son verdaderamente inútiles y de los que podés prescindir.
Muy seguido confundimos métodos de relax con cosas que en realidad no nos relajan para nada. Como por ejemplo, mirar una película mientras estás haciendo scrolling de fotos en Instagram. Si no nos relajamos, no estamos equilibrados. Probá escribir en un cuaderno las cosas que creés que te hicieron perder el tiempo; te vas a quedar sorprendido/a de lo que vas a leer. Yo encuentro útil escribir todos los días por 5 minutos las eventuales distracciones que podrían frenarme.
3. Frená un segundo
Odio cuando la gente dice: «El que se detiene está perdido». A esta altura te puedo asegurar que vi gente no frenar nunca y que, a pesar de todo, se perdió millones de veces. Frenar es una de las actividades emocionales más importantes de nuestro sistema operativo: el cerebro.
Cuando nos detenemos, rompemos por unos instantes la frenética monotonía del día. Yo lo hago seguido. Me detengo, miro a mi alrededor, me concentro e intento entender si todavía voy en la dirección correcta. Esto me ayuda a enfocarme seriamente en las cosas más importantes. Si te frenás no estás perdido, solo estás en pausa. Y ¡las pausas hacen bien!
4. Evitá los pensamientos negativos
¿Te fijaste lo fácil que es cruzarse con un pensamiento negativo? ¿Y con 10.000? ¡Es lo mismo! Tené en cuenta que tanto los éxitos como los fracasos son parte del equilibrio. Si te das cuenta de que tus pensamientos son muy negativos o pesimistas, es el momento de dar un corte drástico. Intentá entender si lo que estás pensando es verdaderamente tan malo o si agrandaste el problema a fuerza de darle vueltas en la cabeza.
Seguido se empieza con poco. ¿Vos qué harías si mientras manejás se te viene un auto a contramano? ¿Y si viniera un camión? No cambia nada, ¡en ambos casos lo esquivarías! No importa si vas a la derecha o a la izquierda, lo importante es esquivarlo y salvarte la vida. ¡Hacé lo mismo con los pensamientos negativos! Recordá: los pensamientos negativos vienen solos, no los vayas a buscar encima.
5. Fijá objetivos a corto y largo plazo
Todos arrancamos con objetivos, solo que con el tiempo pueden cambiar o incluso desvanecerse. El verbo fijar hace entender que es una acción que podés (¡y debés!) repetir. Vos lo fijás, pero de repente tu objetivo se afloja. Un poco como colgar un cuadro en la pared.
¿Te pasó alguna vez? Estás mirando el cuadro que acabás de colgar y, justo cuando te das vuelta y le das la espalda, el infame se cae al suelo. Con los objetivos es igual: seguido les damos la espalda y se caen. Pero vos tenés que agarrarlos y fijarlos con un clavo más grande. Creá metas chicas, aunque sean simples, pero terminalas. Una serie de metas cumplidas genera victorias internas que te llevan al equilibrio. Un sano equilibrio.
¿Por qué es tan malditamente difícil tener una mente sana?
Hay que admitir que nos encanta complicarnos la vida. Cuando las cosas van bien, a veces somos nosotros mismos los que nos preguntamos: «¿Qué raro? ¿Por qué sale todo bien?». En la superficie todo parece perfecto, pero el cerebro de inmediato responde buscando problemas ocultos.
La vida tiene muchos problemas que resolver, pero seguido la vida misma es el problema a resolver. Es una cita de alguien, pero no recuerdo de quién. Como sea, es tal cual. Estamos en la búsqueda constante de cosas que nos hacen perder el eje y, cuando pensamos que lo encontramos, nos preguntamos por qué.
Algunos buscan el equilibrio en la plata, otros en el éxito, en la popularidad o en otras cosas decisivamente útiles y superfluas, a mi criterio. Pero no comprenden que la búsqueda de esas cosas solo lleva al desequilibrio total. Con la plata podés comprarte un excelente colchón, pero no el sueño. Podés comprarte amigos, pero no su lealtad. La fama se sube a la cabeza, y el equilibrio se maneja ahí adentro.
Un equilibrista con un peso extra en su vara obviamente se caería, así como una mente con un chiodo fisso (una obsesión) en la cabeza se bloquearía, ¿no te parece? El verdadero equilibrio está en saber moverse bien entre las oscilaciones. Las cosas fijas no funcionan y las apariencias se terminan.
Las coordenadas del equilibrio nunca son las mismas, cambian seguido y a toda velocidad. Lo que verdaderamente nos da eje es entender dónde estamos y qué estamos haciendo en ese preciso momento. No mires tanto para atrás y no te asomes tanto hacia adelante. No mires los pies que caminan sobre la cuerda. Quedate con las manos firmes en la vara. No te concentres en las vibraciones de la cuerda ni en las que sentís por dentro. Concentrate solo en el hecho de que el verdadero equilibrio existe solamente porque estamos siempre en movimiento.
¿Escribir un diario personal puede ser útil para tener una mente sana?

Escribir un diario puede parecer cosa de adolescentes, pero créeme que no es así. Desde siempre, esta práctica acompaña a millones de personas. En el artículo Qué es el Journaling lo explico de manera simple pero exhaustiva.
Escribir un diario personal te puede ayudar de muchas maneras, como por ejemplo a:
- Convertirte en una persona más consciente.
- Gestionar mejor el estrés.
- Fijarte objetivos y llevarlos a cabo.
- Tener una mente sana y equilibrada.
Y no solo eso: en mi guía, 10 razones por las que deberías empezar a escribir, podés encontrar ejercicios prácticos de escritura que te van a ayudar a sentirte mejor.
En este mismo sitio también podés encontrar más de 40 frases que escribí por si de plano no sabés por dónde empezar. ¡Las encontrás acá! Lo que vas a ver es un generador de ideas: cada frase te va a dar el impulso para arrancar un viaje introspectivo y te va a permitir empezar a practicar el journaling.
Acá encontrás los cuadernos y las lapiceras que uso desde hace años. Créeme, llevar un diario no es algo banal; al contrario, escribir significa que querés empezar a tener una mente sana.
Espero que este artículo te haya ayudado a reflexionar de alguna manera. Si creés que puede ayudar a alguien, no tengas reparos en compartirlo.
Te mando un abrazo,
Domenico Maietta Ghost/Copywriter – Blogger